Carta del Padre Rogelio

20 de Marzo, 2017

PadreRogelioQueridos hermanos y hermanas, miembros de la Asociación Jóvenes Para Cristo,

Reciban un saludo cordial de parte de un servidor, y que sea la paz de nuestro Señor Jesucristo quien los acompañe siempre.  En esta ocasión me dirijo a ustedes por medio de esta carta ya que el día de hoy, lunes 20 de marzo, tengo una reunión muy importante en mi parroquia. Estamos trabajando con mucho entusiasmo, dedicación y esperanza pues, primeramente, Dios, el próximo 20 de mayo, un hijo de la comunidad donde estoy actualmente, Santa Catalina de Siena en Rialto, será ordenado sacerdote. Por este motivo, nos estamos reuniendo todos los lunes para planear, evaluar y programar las festividades de tan grande acontecimiento. Es esta la causa que no me permite acompañarlos en esta ocasión. Les ruego me disculpen y a la vez les pido mantengan a los cuatro diáconos que serán ordenados sacerdotes este próximo 20 de mayo en sus oraciones. Después de este breve saludo y explicación, paso a lo siguiente:

Los exhorto a que vivan de acuerdo al llamado que recibieron en su bautizo; a ser sacerdotes, reyes y profetas. Este llamado fue reforzado en ustedes a través de la predicación del evangelio el fin de semana que vivieron su retiro de iniciación.  Posteriormente, ustedes mismos reconocieron y aceptaron este compromiso cuando decidieron seguir a Cristo.  Como discípulos de Él, están llamados a anunciar el evangelio con la palabra y el ejemplo. Pero, ¿de qué le sirve al maestro predicar si sus discípulos no siguen sus enseñanzas, no viven los retos de la vida del discipulado, y solo escogen lo que ellos quieren mientras ignoran lo que el maestro les pide? ¿Acaso no es esto lo que hizo Judas, el discípulo que traiciono a Jesús?

La vida de fe, no se reduce a una membresía. Judas fue elegido entre los discípulos de Jesús para acompañarlo de cerca durante los tres años que Jesús enseñó y predicó. Pero Judas no se abrió plenamente al plan de Dios y termino cayendo en la tentación. De nada le sirvieron los tres años que dedicó Judas a seguir y escuchar a Jesús. Al final, solo recibió aquella condena de la cual Jesús habló en Mateo 26:24 “El Hijo del Hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay de aquél por quien el Hijo del Hombre será entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.” Sin embargo, los otros 11 discípulos, quienes a la luz de la Resurrección fueron enviados a anunciar el Evangelio y recibieron el título de Apóstoles, sí se entregaron a la voluntad del Padre, a pesar de los muchos retos que tuvieron que afrontar antes, durante y después del camino. Ellos generosamente entregaron su vida al Evangelio y al pueblo de Dios y por eso ahora los contamos dentro del número de santos que tenemos en nuestra gran Iglesia Católica y a hora viven eternamente en la gloria de nuestro Padre Celestial.

Hermanos y hermanas, los incito a que sigan el ejemplo de los apóstoles, quienes fueron personas con familias, trabajos, responsabilidades e incluso temores, al igual que muchos de ustedes; pero que se dejaron guiar por la voluntad de Dios. Él, quien los llama y los envía, se encargará de darles todo lo necesario para la misión que les encomiende. Si se sienten indignos de recibir y/o incapaces de poder cumplir con la misión que Dios les quiera encomendar, es porque lo son y lo están. Ninguno de nosotros es digno de llevar a cabo la obra evangelizadora de nuestro Señor Jesucristo, pero no lo hacemos porque seamos dignos o no, sino porque en su infinita misericordia, Dios padre nos invita a participar en la redención del mundo. Y si se sienten incapaces de poder cumplir con la misión, es porque en el presente momento aún no han recibido la gracia necesaria para poder desempeñar el trabajo encomendado.

Esa gracia, que solo Dios da, está reservada solamente para los comprometidos. Una vez que tomen la responsabilidad encomendada, Dios les dará los dones necesarios para cumplir con la comisión asignada.

Recordemos y vivamos con fe las palabras que encontramos en la segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo, en donde nos dice, “Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, amor y templanza.” (1:7).

Jóvenes, Cristo los ama, Cristo los quiere y por eso Cristo creé y confía en ustedes. No lo defrauden y también crean y confíen en Él y en sus promesas.

Sin más por el momento, me despido de ustedes, no sin antes desearles que tengan una santa, pacifica, y espiritual temporada cuaresmal, y que la hermosura de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, la cual celebraremos al final de esta cuaresma, les sirva como guía y esperanza para la vida eterna.

Sinceramente su hermano en Cristo,

Padre Rogelio González
Guía Espiritual de la Mesa de Coordinación Diocesana de San Bernardino JPC

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